Contrapesos

14 octubre, 2020 | publicado por:Oscar Tamez

El gobierno de la República insiste en abatir los contrapesos a su visión del Estado mexicano; lejos de atender, entender o implementar acciones remediales frente a las denuncias, emprende campañas de desprestigio, descrédito y ataque.

El gobierno y sus actores defienden el derecho a su libertad de expresión, responden con rudeza a los pronunciamientos en contra, no de las personas, sino de sus acciones y políticas públicas, eso es en sí mismo, un atentado a la libertad de expresión.

La libertad de expresión surge con el pensamiento liberal del Siglo XVIII y la implementación del modelo de democracia moderna surgida en Francia y Estados Unidos; es la forma de garantizar los contrapesos al ejercicio del poder por parte de los gobernantes.

La democracia se alimenta de los contrapesos, de la conciencia del gobernante al tener voces discordantes dispuestas a exhibir sus malas actuaciones, es una forma de auditoría al ejercicio del poder.

Los contrapesos los ejercen quienes reúnen dos características: primero, tiene la fuerza para ser considerados dignos de un peso igual pero en distinta dirección al poderosos; segundo, tienen una visión distinta sobre el ejercicio del poder y las acciones que se deben implementar para resolver los problemas sociales y colectivos.

La libertad de expresión nace para México, constitucionalmente hablando, en 1812, se refrenda en 1814 y se consolida a partir de 1824 con sus altibajos, hasta el día de hoy; en la praxis, sus indicadores más claros son con el gobierno de Ernesto Zedillo y los sexenios siguientes, fortaleciéndose hasta 2018 cuando se emprende una campaña en su contra.

La libertad de expresión no la ejercen sólo los medios de comunicación, la ejercen en forma de libertad de pensamiento y asociación todos los ciudadanos, la ejercen al poder coincidir o disentir con el poder en turno; en contraparte, peligra cuando desde el poder se ejerce mordaza, sea esta de la forma cual sea.

Los empresarios, las instituciones religiosas, los sindicatos, las ONG´s, los partidos políticos y demás instituciones pueden llegar a ser contrapesos o aliados del poder por la representación misma que poseen.

En estos momentos del país, muchas de las instituciones antes citadas están en desacuerdo con el ejercicio del poder que ejerce la 4T, en respuesta han recibido todo tipo de ataques que buscan su desprestigio o descrédito.

Si alguien realiza activismo, de inmediato se busca ligarle a un grupo en franca oposición al gobierno, si un periodista escribe en contra del actuar de la 4T, la respuesta es acusarle de «chayotero», a los empresarios se les investiga, y así por el estilo.

Esas reacciones sólo tienen un nombre: mordaza y aniquilamiento a los contrapesos que son sanos y muy necesarios en toda democracia.

Cuando un gobierno es transparente, sensible a la opinión pública, interesado en gobernar de cara al soberano; el principal beneficiado de analizar y reaccionar a partir de los contrapesos es el mismo gobierno, pues tiene en cada denuncia crítica o reproche; una voz que le indica algo puede ser mejorado, cerrarse a escuchar los disensos es asumir un pensamiento absolutista e intolerante, radical.

Tengo la percepción de desgaste, cansancio, indiferencia por parte de los contrapesos, ojalá equivoque mi interpretación pues nada peor para México que perder las voces con capacidad para confrontar y evidenciar las malas acciones de todo gobierno.

Cuando acaben los contrapesos habrá cedido la democracia, urgen contrapesos frente a un poder interesado en tener verdades absolutas.

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