Destilando crudo

25 agosto, 2020 | publicado por:Oscar Tamez

La última novela patrocinada por televisa en la que participó Angélica Rivera se llamó Destilando amor, de ahí pasó a un reality novelado llamado «La primera dama en Los Pinos», el segundo melodrama no fue muy exitoso.

Destilando crudo es un título parodia a la novela donde participó Rivera con Eduardo Yáñez y en la cual la actriz de reparto Ana Martín inmortalizó el apodo de «Gaviotita».

Hoy, el otrora poderoso, sobrado, despilfarrador Emilio Lozoya, quien viajaba en avión privado a cuenta de Pemex, se declara víctima del sistema, un intimidado servidor público a quien le dijeron como a Zhenli Ye Gon «copelas o cuello».

El gobierno de la 4T emitió una orden de aprehensión contra Lozoya quien cae en España, de allá es extraditado hace un par de semanas y llega a México, no a la cárcel a compartir con narcomenudistas, violadores, asesinos y más, no, llega a un 5 estrellas con servicio al cuarto; un hospital con cuidados y privacidad a todo lujo.

De ahí saldrá a su casa a llevar el proceso jurídico por Zoom y en ropa cómoda; con la amenaza de denunciar a quienes le obligaron a adulterar el crudo, bueno, no el mineral, sino las cuentas de la empresa y sus negocios opacos con Odebrecht.

El guion parece escrito por el señor de las narcoseries, el exitoso Epigmenio, el cual promete momentos de gran pasión, otros de angustia, unos más de comedia, pocos de alegría y algunos donde el público termine diciendo «cóoomo así Gaviotitooo», perdón Emilitooo.

En la semana tuvo sus primeras dos audiencias para la imputación, una vinculada a una empresa de productos agroindustriales y la otra, con los moches o dinero sucio metido a la campaña de Peña Nieto en 2012. En ninguno habrá algo por lo cual señalarlo.

En la primera acusación se declaró inocente, en la segunda culpable por presión.

¡Ahora resulta que Lozoya es una blanca palomita y no el «gaviotón» que se paseaba en aviones particulares, quien se daba vida de jeque árabe y tuvo dinero para vivir en Europa huyendo de la autoridad!

Según Lozoya es víctima de villanos superiores; sin embargo, al revisar sus ingresos, no cuadra un departamento de $2 millones de dólares comprado junto a otras propiedades; como tampoco las propiedades a nombre de su esposa y las cuentas bancarias a nombre de su mamá y hermana.

La de Lozoya es riqueza inexplicable, por no llamarle pillo corrupto, para eso, esperemos al juez. Junto a su abundancia por generación espontánea, están claros sus valores éticos, un personaje quien revuelca en desechos a la esposa, madre y hermana es alguien que no tiene ma…, códigos de ética.

Advierte tener pruebas para demostrar cómo los superiores le obligaron a corromperse, de la corrupción no hay duda, el sexenio de Peña es emblemático para la literatura sobre cultura de la legalidad y transparencia cuando se hable de corrupción y opacidad.

Como en toda novela, debe haber un contexto para el guion de cada personaje, si Lozoya «El Gaviotito» es víctima, deberá probar cómo desde la campaña le hicieron «mano de cochino» para que fuera el intermediario en los cochupos.

Ojalá suelte la sopa y pruebe sus dichos, que no sea un soplón de media pinta. Si el dinero del que se le acusa es de campaña, deberá tratarse como delito electoral y en su caso, las peores sanciones pueden haber fenecido.

Lozoya será el villano en esta novela, odiado por priistas, panistas y morenos, ese al que todos quieren ver en el último capítulo, purgando sentencia entre escoria, en un psiquiátrico hablando solo o algún otro fin tipo telenovela.

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