Diálogo urgente en México

3 junio, 2020 | publicado por:Oscar Tamez

La política está balcanizada, las estridencias de los amlofílicos y los amlofóbicos llegan a límites no deseados, entramos en la ruta de perder-perder.

Meses atrás escribimos en «Política e Historia» que la estrategia presidencial basada en dividir a los mexicanos en buenos y malos, izquierda vs. derecha, liberales vs. Conservadores, funciona por el rencor de la población contra los beneficiados por la corrupción vigente.

El retorno de la ideologización en la política es un signo positivo de la lucha democrática; sin embargo, cuando esa lucha cae en los extremismos, se transita a radicalismos y de ahí al fanatismo.

La liga se estiró en la radicalización, los enfrentamientos pasaron de las redes a la caravana de opositores del sábado.

El uso político de la historia se está dando por parte del gobierno, le funciona gracias al desconocimiento histórico, a la manipulación histórica de la historia y al conocimiento de esta disciplina con filias y fobias.

Así tenemos que Juárez es héroe y Díaz un villano, también lo creo, pero ambos tienen claroscuros históricos.

Los momentos históricos son irrepetibles, por mucho que se utilice el gastado y falso estribillo de: «quien no conoce la historia está condenado a repetirla».

La historia se desarrolla en las sociedades en condiciones de tiempo, espacio y circunstancias concretas; incluso, repitiendo errores, las condiciones históricas son diferentes.

El gobierno recurre a igualar los liberales de mitad del Siglo XIX con los liberales actuales, y en analogía a los conservadores de ese momento con los militantes de derecha actuales, eso es falso.

Juárez fue progresista en su momento porque confrontó políticamente a los centralistas, promonarquía y antidemocráticos, contra su propuesta menos centralista –que no federalista–, republicana y basada en la legislación democrática naciente como ley federal en 1857.

Los tiempos actuales son totalmente diferentes; hoy, la izquierda de la 4T es centralista y los de derecha pugnan por el federalismo, ahí están los gobernadores confrontando al gobierno central.

El gobierno 4T es autoritario, cercano al absolutismo, lejano al republicanismo; incluso, en lo que lleva de gobierno la actual izquierda, ha intentado cancelar la democracia al censurar la libertad de expresión y la de pensamiento, en la intervención del gobierno en la elección intermedia 2021 y otras como la reelección de legisladores federales sin abandonar el cargo.

En la mitad del Siglo XIX se construían las instituciones jurídicas y de gobierno, el nivel educativo y de desarrollo eran paupérrimos entre la población, no existían las redes que provocan la «informasa o infodemia»; se luchaba por construir un Estado de instituciones.

Hoy la nación se define en los artículos 39 y 40 constitucionales; incluso, son casi idénticos a las constituciones de 1814, 1824 y 1857. El 39 es el mismo desde 1917 y el 40 sólo lleva dos reformas en 2012 y 2016.

Igualar al México del Siglo XXI con el del XIX es un contrasentido, una manipulación de la historia mediante un discurso propagandístico que divide, provoca rencor, confronta a los hermanos y zanja al pueblo.

Urge el diálogo entre las izquierdas con la derecha y construir consensos que medien entre ambas.

Necesitamos diálogo que edifique, no imposiciones que sometan e intimiden.

Sin disensos ni divergencias ideológicas no hay democracia, si se impone la 4T y aniquilan la oposición habrá absolutismo, de eso no hay duda.

Urgen diálogos que pacifiquen los ánimos, que no escale la rivalidad fabricada.

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