Diplomacia

4 marzo, 2022 | publicado por:Óscar Tamez Rodríguez

La política existe en toda relación humana, sea privada o pública, familiar o institucional, negar o estigmatizarla es rechazar la base de la convivencia entre personas dentro de cualquier núcleo social.

Algunos autores de la estrategia afirman que la política es el traslado de los oficios de la guerra a las disputas verbales, a la conformación de consensos, de los acuerdos que evitan la violencia y el derramamiento de sangre.

Los profesionales de la negociación y los acuerdos entre las partes que intervienen en un tema controversial se definen como diplomáticos, expertos de la diplomacia, son negociadores.

La diplomacia es el punto principal de la política donde dos naciones, grupos, partidos o sectores de una misma sociedad enfrentados entre sí, encuentran las coincidencias que unen y alejan las disidencias que fracturan o confrontan.

Los políticos deben ser expertos en diplomacia, sea por formación académica, por sensibilidad política o eso que llaman olfato político. Los gobernantes y sus equipos de trabajo deben contar con las competencias para transitar de los desencuentros a los acuerdos.

Pareciera que el mundo entró en crisis de diplomáticos, no en el papel, ahí están los titulares de las dependencias, la crisis está en las competencias que deben tener los individuos que realizan las funciones diplomáticas.

La guerra en Ucrania por la invasión expansionista de Rusia y su dictador es ejemplo de cómo la falta de estrategias diplomáticas lleva las confrontaciones a las armas, a la muerte, a la tragedia y en general a víctimas inocentes.

La condena del mundo a la invasión armada rusa sobre territorio ucraniano debiera servir para contener al conquistador; sin embargo, la falta de contundencia, la indiferencia, la indolencia y abandono que realizan los otrora aliados de Ucrania, permite la actitud agresiva del presidente Putin de Rusia.

México no es diferente, el perfil político que ha mantenido el jefe del Estado y las instituciones es de confrontación, de enfrentamiento, rechaza la negociación, los acuerdos, los consensos con los grupos políticos que piensan distinto.

Para el gobierno de la 4T existe sólo su verdad y nada más, si alguien piensa diferente es enemigo, está equivocado, representa la maldad personal y pública. Esos criterios son contrarios a la diplomacia, ajenos a la conciliación tan necesaria en el país para poder avanzar en todos los ámbitos de la sociedad.

Es imperativo que alguien le explique al líder del gobierno federal que la política es el arte de la diplomacia, la construcción de consensos donde todos ceden un poco en lo menos sustantivo de sus ideas, para alcanzar un punto en común. Obvia decir que siempre cede más el más débil, pero todos deben ceder, de lo contrario es imposición y no negociación.

Gracias a la diplomacia, en México transitamos de un partido de Estado a una incipiente democracia pluripartidista y pluriideológica. Gracias a ella tenemos una sociedad más igualitaria, incluyente y pluricultural. 

La diplomacia se ejerce entre iguales, no con la delincuencia. Para el grupo en el poder, pareciera que se debe aplicar la ley del garrote a los iguales por el sólo hecho de pensar distinto.

Los intolerantes han destruido o aletargado al país, tenemos múltiples casos en la historia de México. Gracias a ellos la consumación de la independencia debió transitar entre 1820 y 1824 entre la sangre de mexicanos; gracias a la intolerancia de los mandatarios o poderosos el país padeció dos conquistas en el Siglo XIX.

Urge retomar el camino de la diplomacia. ¡Pongamos las barbas a remojar!

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