El Plan de Ayala II

11 mayo, 2020 | publicado por:Oscar Tamez

La semana anterior quedamos en que el Plan de Ayala (PdA) y el Plan de San Luis (PdSL) eran similares, el firmado por Emiliano Zapata el 28 de noviembre de 1911, era una copia del escrito por el coahuilense.

El centro del PdA –poco sustentado–, es que Zapata y los suyos denunciaban hartazgo contra los «hombres falaces y traidores que hacen promesas como libertadores pero que al llegar al poder, se olvidan de ellas y se constituyen en tiranos» (Zapata, punto 5°. PdA).

Con 22 días formales en el poder, ¿Madero puede ser acusado de «falaz y traidor», de volverse «tirano y olvidar las promesas»? En ese supuesto, ¿qué calificativo aplicaría al actual y antecesores presidentes?

Agreguemos: el punto 6° del PdA firmado por Emiliano Zapata establece: «6.° Como parte adicional del Plan que invocamos hacemos constar: que los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o cacíques (sic) a la sombra de la tiranía y de la justicia venal entrarán en posesión de estos bienes inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos que tengan sus títulos correspondientes de esas propiedades, de las cuales han sido despojados, por la mala fé (sic) de nuestros opresores, manteniendo a todo trance, con las armas en la mano, la mencionada posesión y los usurpadores que se crean con derecho a ellos, lo deducirán ante tribunales especiales que se establezcan al triunfo de la Revolución».

Por su parte, el PdSL, en el tercer párrafo del punto 3° hace referencia, con un texto diferente a lo mismo del punto 6° del PdA. Sólo se restituye a aquellos quienes tienen forma de comprobar la propiedad y el despojo, además que todo se dirimirá en tribunales.

¿Quién miente?, ¿Madero quien no cumple lo que no promete o Zapata quien promete lo mismo que Madero?

El punto 7° del PdA habla de expropiar la tercera parte de latifundios con la correspondiente indemnización a los latifundistas para formar poblaciones, ejidos, colonias o campos de cultivo y así mejorar las condiciones de los más pobres.

El punto 8° habla de expropiar las 2/3 partes a los latifundistas que se opongan al punto 7° y se usarán para pagar gastos de guerra.

El punto 9° del PdA indica que será la Ley de Desamortización de los Bienes de Juárez para ejecutar el punto 8°. Del punto 10° en delante no habla de ejido, reforma agraria ni reparto de la tierra.

Analicemos. El punto 7° del PdA es copia del PdSL; repite la laguna social planteada por Madero: sólo quienes prueben que fueron dueños y despojados de «mala fé (sic)» pueden, ante los tribunales, exigir la restitución.

Una trampa discursiva que dejaría a la mayoría de los campesinos pobres, igual que siempre: amolados.

Sobre el punto 8°, es evidente que pocos o ninguno se atreverían a negar la cesión de 1/3 parte pagada si con ello va en juego el 66% de su patrimonio.

Sobre el punto 9°, sólo decir que fue la Ley de Desamortización de Bienes del régimen juarista la que provocó los latifundios y empobrecimiento de los campesinos, así que, dónde está la justicia prometida en el PdA.

El punto 10° del PdA dice: «Los jefes Militares Insurgentes de la República; que se levantaron con las armas en la mano a la voz de Don. Francisco I. Madero, para defender el Plan de San Luis Potosí, y que ahora se opongan con fuerza armada al presente Plan, se juzgarán traidores a la causa que defendieron y a la Patria…»

¿Cuál autoridad moral para amenazar a Villa y otros quienes sí se jugaron el pellejo entre noviembre de 1910 y mayo de 1911, cuando el ejército de Ayala no participó de la revolución armada maderista? Recordemos que Zapata fue líder hasta marzo de 1911 y su victoria fue en Cuautla el 19 de mayo, 6 días antes de terminar el conflicto. Tal como señala Womack, fue para legitimar su movimiento.

El PdA no es el mítico documento que se ha vendido en la mitología histórica nacionalista. Sí es la base de lo que fue, años después, un movimiento reivindicatorio de la lucha agraria en un país donde la principal fuente de empleos era el campo.

No se trata de enjuiciar al caudillo Emiliano Zapata Salazar, se busca retirar el mito del documento histórico firmado en Ayala de Morelos, y así ver al hombre y sus grandes aportes a la revolución mexicana.

El movimiento de Emiliano Zapata fue de humanos, como todos, con sus pasiones e intereses político-económicos como cualquier otro de esa época, no hubo inmaculados en la revolución de 1910.

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