Fanatismos

24 marzo, 2020 | publicado por:Oscar Tamez

En la subsecretaría de prevención y promoción de la salud del gobierno federal tenemos a un científico-fanático como titular, Hugo López-Gatell Ramírez. Es un fanático peligroso dado el cargo que ocupa.

El fanatismo tal cual es la creencia ciega y absoluta en algo o alguien, eso limita la capacidad de razonamiento. Aquí utilizaremos el concepto de fanatismo como algo nefasto que nubla el entendimiento y es causal de las peores atrocidades, aunque no es la única definición.

El fanatismo -concepto empleado principalmente en la religiosidad- sería positivo si se aplicaran los preceptos religiosos sin interpretaciones manipuladoras, pues ninguna religión, salvo las del satanismo, profesan la violencia, odio o agresión, todas ponderan el amor.

De regreso a la realidad, el fanatismo es pernicioso, marginal, tiende a la exclusividad, exacerba los odios, racismos, sexismos y otras fumadas más.

Hugo López-Gatell ha tenido dos intervenciones dignas de utilizar en la academia médica para ejemplificar lo que fue la etapa oscurantista del medievo en materia de avances científicos y sobre todo, médicos.

El médico e investigador, se asemeja a los tiempos donde la brujería, la chamanería y otras formas de curaciones milagrosas basadas en la Fe, resolvían -es un decir- todo tipo de males, incluso la peste, equivalente al coronavirus actual.

En este espacio se ha escrito mucho sobre las ideologías y cómo, cuando se llevan a los extremos se transforman en radicalismos, para de ahí cruzar la delgada línea del fanatismo, donde toda razón queda cegada por las creencias radicales, absurdas y medievales.

¿De qué otra forma explicar a López-Gatell cuando asegura que el presidente tiene una «fuerza moral» que se convierte en un escudo el cual le impide contagiarse y contagiar a otros del coronavirus?

Al escucharlo creí era una broma, pero no, el tipo quien tiene doctorado, ha sido investigador en áreas de epidemiología y múltiples cargos públicos, se atrevió a decir que la honestidad del presidente impide que el bicho entre en su cuerpo o peor aún, que sea difusor de la pandemia.

Quedaría en el anecdotario su comentario por no ser que se atrevió a otra afirmación del medioevo. «Esta prueba [refiriéndose a la de detección del coronavirus] no es para uso clínico, una persona que tenga los síntomas, que tenga la enfermedad… no sirve de nada saber si es positivo o negativo [el contagio], porque la atención médica a la enfermedad que produce el coronavirus es exactamente igual, se sepa o no» que se está contagiado. ¡Ese es el responsable de atender la pandemia en México!

Hasta yo, que sé de medicina sólo los tés que recetaba la abuela Juana y tomar una gaseosa cuando se está enfermo del estómago; sé que la prueba permite atender la contingencia e implementar las medidas para evitar la difusión del virus y las consecuencias en el cuerpo. Pero no, López, no el presidente, el otro López, asegura que no sirve la prueba.

Entre el pensamiento de López y los hindúes quienes veneran a las vacas, al grado de consumir sus desechos por ser «divinos», o los inmolados quienes creen llegarán con su Dios por explotar como bomba humana matando a los «infieles»; hay nada de diferencia.

No es sólo servilismo, es ignorancia que agrede a la razón, fanatismo ideológico que no cabe en alguien quien se presume científico en sus credenciales curriculares y es el garante de la salud y las epidemias en México.

Por lo pronto ya fui con la chamana a darme una barrida para que los embrujos puestos no lleguen a mí y el coronavirus no sea el portador de las brujerías puestas hacia mi persona.

Es más, ya tengo un rezo inmunizador: «botellita de jerez, todo lo que digas será al revés» y otro más potente contra embrujos y mal de ojo: «botellita de vinagre, todo lo que me hagas, vas y… a tu célula madre».

Pongamos en su justa dimensión las cosas, tener creencias ideológicas en religión o política no es negativo, lo dañino es llevar esas creencias al extremo de pensar que la estampita del sagrado corazón o de la virgen, que dicho sea de paso, yo sí porto en mi cartera, va a impedir que me contagie si convivo con infectados. 

La Fe es sana en su justa medida, fuera de control es un fanatismo similar al de la inquisición. 

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