Finalizan dos décadas del siglo XXI

3 enero, 2020 | publicado por:Óscar Tamez Rodríguez

Estamos a días u horas de cerrar la segunda década del siglo XXI, si se debe hacer un corte transversal para efectos de estudios históricos, se puede afirmar que ésta es la década de la guerra motivada por la economía informal y delincuencial.

Los antecedentes se remontan al desorden impuesto en el sexenio de Vicente Fox y la falta de legitimidad en Felipe Calderón. Al arribo de Calderón en diciembre del 2006, la delincuencia organizada ya controlaba de facto grandes sectores de nuestro país; su detonante lo ubican algunos expertos en el año 2001 luego del 9/11.

El endurecimiento de las políticas migratorias de EUA abre la puerta al mercado nacional del consumo en las drogas socialmente prohibidas.

Sin legitimidad, ante la falta de capacidad para gobernar al país, Calderón cambia su visión de México; abandona la ruta para abrir empleos y construye un enemigo público común el cual le permitiera unificar a la mayor cantidad posible de mexicanos.

Literalmente, lanza su «guerra contra el narcotráfico». Escoge su natal Michoacán para el banderazo, aparece en público vestido de militar bajo el argumento de ser el jefe supremo de las fuerzas armadas; por sobre la crítica a perder su enfoque civil; los cuestionamientos se concentraron en las medidas del uniforme el cual «le quedó grande», dicho en sentido literal y figurado.

El arranque de la segunda década del siglo XXI se da en medio de «la guerra de Calderón»; con las fuerzas armadas en las calles y el debate sobre su legalidad al actuar en problemas de seguridad pública.

La estrategia se enfocó a combatir el fuego con fuego, acabar con la fuerza bélica de los grupos delictivos los cuales en su expansionismo invadían zonas de otros grupos y provocaban la muerte de integrantes de los cárteles y civiles inocentes a los cuáles frívolamente se les llamó «daño colateral».

Losgrupos se expandieron en territorio y en áreas de la economía, tanto de la ilegal como la legal. Se convirtieron en oligopolios o monopolios los cuales controlaban la droga, su traslado, comercio y distribución; incursionan en la piratería, el secuestro, la economía formal con negocios de giros negros y con el cobro de piso a comerciantes y empresarios formales.

Termina en 2012 el sexenio de Calderón y con él el período panista de las primeras dos décadas del siglo XXI.

El arribo de Enrique Peña Nieto trae consigo la politización de la inseguridad, por primera vez en una campaña presidencial es el tema central de la campaña, contra lo que pudieran opinar los estrategas, la propuesta electoral rindió frutos al mexiquense.

La estrategia de Peña Nieto se centró en «la inteligencia»; la delincuencia no se combate con fuego sino con información privilegiada surgida desde la inteligencia institucional.

El programa «pegasus» sirve para espiar delincuentes, pero también a amigos y enemigos políticos del régimen en turno.

El régimen priísta del siglo XXI también fracasa en su estrategia; hoy sabemos que las corporaciones del calderonato y del peñanietismo estaban infiltradas desde la máxima posición por los grupos delictivos.

Mientras las estrategias fallaban, la suma de muertes por la guerra iniciada y salida de control aumentaba año con año; cada año era el de cifras más alarmantes.

Hoy podemos hablar de cientos de miles de personas muertas por la guerra, unos, parte de los grupos delictivos, otros de las fuerzas armadas del Estado mexicano y muchos más, inocentes, víctimas colaterales.

En 2006 la cifra fúnebre alcanzó 10,500 muertos oficiales, de ahí en creciente hasta cerrar en 2012 con 26,000; un total de 121,000 muertos en un sexenio, según fuentes consultadas.

Para el 2018, al concluir el sexenio de Peña Nieto la cifra acumulaba 250,547 personas, con datos del INEGI.

Al cuarto de millón contabilizado, agregue los 40,000 del primer año del lópezobradorismo, además de los miles de encontrados en fosas clandestinas, los aún no encontrados, los desaparecidos, los que se fueron y ya no regresaron. Estamos frente a una cifra que supera los 400,000 muertos víctimas de una década violenta.

La estrategia de AMLO es de dar amor, dar abrazos y no balazos; ni combate ni inteligencia, esperar que los grupos entiendan que el camino no es la violencia.

A horas de cruzar el umbral de la tercera década del tercer milenio, la guerra no parece terminar y ya alcanza a gobiernos de derecha, centro e izquierda.

Bien se puede afirmar que la década 2010-2019 es la de la violencia, de la delincuencia organizada y la sumisión del poder formal frente a los poderes fácticos.

¡Luego del recuento, sólo puedo decir: Feliz año y década 2020!

Imagen tomada en google.com de polemon.mx

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