Futurismos

21 mayo, 2019 | publicado por:Oscar Tamez

A dos años y unos días de la próxima elección en Nuevo León para elegir gobernador, los agoreros, apostadores de la política y opinadores, arman sus trivias para imaginar el resultado de las elecciones locales.

En juego estarán las diputaciones federales, locales, ayuntamientos y, por supuesto, la gubernatura. 

El análisis debe verse a partir de los partidos políticos. Luego, considerando a los potenciales aspirantes, las candidaturas complementarias y las alianzas (será en otra entrega), posteriormente correlacionar las variables y finalmente hacer estimaciones.

Las estimaciones no son encuestas. Surgen de utilizar el método comparado, y a partir de los comportamientos electorales recientes.

Nunca dos elecciones son iguales, pero los procesos previos ayudan a prospectar. Para este caso se deben analizar por separado las de gobernador, y luego la del 2018 en los procesos presidencial y de ayuntamientos.

Si estudiamos el comportamiento del PRI y el PAN en la elección para gobernador en 1997, 2003 y 2009, quien gana lo hace gracias a que le roba votos al otro partido, no porque atraiga electores de otras fuerzas políticas. Tricolores y albiazules se pelean entre el 88 y 92% de los votos totales según cada elección.

El 2015 es caso aparte. Jaime Rodríguez alcanza 48% de los votos, el PRI 24% y el PAN 22%. Mientras no exista un tercer candidato fuerte que le robe votos al bipartidismo, la disputa pudiera concentrarse entre el PRI y el PAN.

Las elecciones 2015 (gobernador) y 2018 (presidencial) muestran que hay posibilidades para un tercero y hasta cuarto en discordia.

En la presidencial, AMLO en 2018, obtiene el 34% de los votos, desbancando al PAN quien en 2012 ganó Nuevo León. El albiazul se queda con 32% de votos y el PRI sólo suma 14% de preferencias.

Si vemos las estadísticas de los partidos y sus comportamientos, el PRI y el PAN han perdido entre el 20 a 25% de sus potenciales votos, ese electorado se mudó al candidato independiente del 2015 y puede cambiar de residencia hacia Morena.

En esas condiciones, tendríamos a Morena con algo así como el 30% de posibles votos, al PAN con 20% de potenciales sufragios y el PRI con 17% de los posibles votos emitidos, además MC con 20% de posibles votos gracias al caudillismo de su líder estatal. En vez de bipartidismo, puede haber hasta cuatro competidores fuertes.

Veamos la geopolítica actual. AMLO no estará en las boletas, y si está con su intento por la revocación de mandato, desconocemos cómo será su popularidad en 2021.

Luego de la elección tuvo picos de aprobación superiores al 80% y, actualmente, según encuestadoras, se estabiliza entre el 60 y 62% aproximadamente. Pero la teoría marca que no será factor, o no «el» factor en 2021.

Actualmente el PRI gobierna Monterrey, Guadalupe, Apodaca, Juárez y Escobedo de los nueve municipios metropolitanos más poblados. Ahí viven 2 millones 386,350 electores, es decir el 61% de la lista nominal en la entidad.

El PAN gobierna San Nicolás, San Pedro y Santa Catarina, lo que significa 681,771 electores, un 17% del total.

En estos ocho municipios se concentra el 63% de los electores en el estado. Con excepción de Monterrey y Guadalupe donde la votación fue en extremo cerrada;,donde ganó el PAN, el marcador fue apabullante y donde ganó el PRI, los números fueron con un alto diferencial.

Si los alcaldes hacen su tarea al gobernar, serán factor para la gubernatura.

En ninguno de los municipios, Morena fue un rival preocupante. Gracias a sus alianzas, en Apodaca y Monterrey alcanzó el 19% de las preferencias municipales.

Luego de conocer el comportamiento electoral para gubernaturas, la presidencia 2018 y las alcaldías 2018, por ser sui géneris, se puede deducir que los agoreros deben esperar para emitir juicios.

Morena, PRI y PAN por sí mismos, sin poner aún nombre de candidato, si salen cohesionados, pueden ganar la gubernatura, el caso de MC depende de su líder. 

Falta evaluar los gallos, planillas y alianzas por separado, pero si hoy fueran las elecciones, la final sería en tercios o cuartos y el gobernador pudiera ser tricolor, azul, anaranjado o moreno. Pero, ninguno surgiría legitimado.

Cualquiera puede ganar con poco más del 30% de los votos.

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