Gloria y muerte de Mina en México

2 junio, 2020 | publicado por:Oscar Tamez

Xavier Mina y Servando Teresa de Mier arriban a la Nueva España con el apoyo de la masonería europea y norteamericana. Los tres grupos tenían en común un enemigo: Fernando VII quien representaba al absolutismo monárquico.

Permanecen en Soto la Marina, hoy Tamaulipas, desde el 27 de abril hasta fines de mayo de 1817, fecha en la cual parte hacia el centro del país en busca de los insurgentes, para ello toma la ruta hacia San Luis Potosí.

El 12 y 25 de abril de 1817, Mina lanza dos proclamas muy similares, en ellas explica sus motivos para pelear contra Fernando VII y porqué prefiere combatir desde la Nueva España y no junto a Simón Bolívar en Sudamérica como éste se lo pidió.

La razón es que la principal fuente de sostenimiento de la monarquía española era la riqueza enviada desde las actuales tierras mexicanas.

En la proclama del 25 de abril escribe: «… la emancipación de la América es útil y conveniente a la mayoría del pueblo español, lo es más por su tendencia infalible al establecimiento definitivo de los gobiernos liberales… En el momento en que una sección de la América haya alcanzado su independencia, podemos lisonjearnos de que los principios liberales tarde o temprano extenderán sus beneficios…».

Como ya se dijo la semana previa; Mina era un hombre honorable quien creía ciegamente en sus ideales y pensaba en los demás como honorables.

Joaquín de Arredondo era un militar español, recio, inflexible, el responsable de la pacificación en las Antiguas Provincias Internas de Oriente (APIO).

Al desembarcar Mina junto a Mier en Soto la Marina, no hubo representación de los insurgentes quienes les recibieran, incluso, hubo un vacío, indiferencia para su arribo.

«Conocedor de la situación en la que se encontraba, dispuesto a seguir la lucha en la cual se había comprometido» afirma Manuel Ortuño en «Proclamas y otros escritos»; escribió a Arredondo el 27 de mayo: «V. Md. Sabe mi arribo y no quiero que nos encontremos sin que hablemos primero con la confianza de paisanos y como militares de honor…».

Le hace saber a Arredondo que poco le engrandece defender a Fernando VII y le escribe «…yo, permítaseme decirlo, fui de los primeros a defenderla [España] con gloria…», agrega párrafos más delante: «Supongo que V. Md. me hará la justicia de no confundirme con corsarios ni foragidos (sic), como están vociferando algunos satélites del tirano».

Sigue en la correspondencia y le informa que en correo interceptado y en su poder; Calleja envió un escrito al rey donde desprestigia a Arredondo en extremo. «Su llegada a la corte acabará con desplomarle con deshonor, pues según se trata [en la carta de Calleja] su conducta, su abandono e insubordinación son causa de todos lo males de Texas… Fernando le pagará a usted sin disputa como ha pagado a la Nación y a sus más Beneméritos Generales…».

No obtuvo respuesta de la carta a Arredondo, pero seguramente Mina remueve dudas en el responsable de las APIO al grado que éste no lo persiguió, fuese por miedo, por respeto al antiguo héroe por él respetado, o cualquier otra razón.

Mina en su partida enlista entre sus fuerzas a «campesinos de la provincia de la Nueva Santander quienes son en su mayoría rancheros y jinetes excelentes», escribe en su diario James Brush. Su habilidad con el caballo los convierte en magníficos miembros del ejército del navarro, agrega Brush.

Su expedición seguirá al lado del insurgente Pedro Moreno hasta el 27 de octubre cuando en el rancho El Venadito es traicionado por «el juez del rancho quien envió un expreso al capitán Reynoso».

El navarro a quien he llamado «el español más mexicano», es fusilado como traidor por los realistas el 11 de noviembre de 1817.

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