La reforma a la RP daña cúpulas no partidos

26 febrero, 2026 | publicado por:Óscar Tamez Rodríguez

Analicemos la propuesta de reforma a la representación proporcional (RP) enviada por la presidencia. No es antidemocrática, aunque sí a favor del partido en el poder.

La RP no desaparece que eso habría sido lo grave, se adecua a una democracia más representativa e incluyente.

Exigir que los candidatos de RP salgan a hacer campañas es positivo, implica que conozcan de cerca las necesidades de los ciudadanos, establezcan compromisos e inviertan como cualquier otro candidato, se acotan las posiciones de “violín”.

Los más afectados son los partidos que se ubican de la mitad para abajo en la tabla de votos recibidos. El artículo 94 de la ley general de partidos políticos señala en el inciso b) la causal de pérdida del registro al no obtener en alguna elección al menos el 3 por ciento de la votación total emitida. Para estos partidos la posibilidad de quedar sin representación o hasta perder el registro se incrementa.

Es positivo que la RP surja de entre quienes contiendan y no ganen, como sucede con el poder legislativo en Nuevo León. Los partidos no se afectan con esto, son las vacas sagradas quienes se ven en riesgo de no llegar a una curul.

Con esta reforma se deben repensar las coaliciones electorales; actualmente la chiquillada se coaliga porque asegura los votos para no perder el registro y meter más legisladores suyos en la coalición, con la reforma, no será necesariamente productivo coaligarse pues sabemos que la gente vota en forma lineal, la votación diferenciada aún es experimental en la inocua democracia mexicana.

Los partidos minoritarios batallarán para conseguir candidatos, aunque siempre habrá ingenuos dispuestos a tirar algo de su capital.

El escenario es el siguiente: las vacas sagradas irán a los distritos potencialmente ganadores para ese partido, así, si no ganan, tienen suficientes votos para llegar a la curul como primera minoría, el asunto es que nadie aceptará el sacrificio de contender en un distrito de los llamados perdedores pues es tirar tiempo, dinero y esfuerzo, un suicido electoral.

Agregue la repartición por género o sexo donde los espacios élite se distribuirán entre mujeres y hombres, esto complica aún más.

La reforma es positiva en una democracia sana, el problema no es la iniciativa presidencial, la crisis es porque tenemos una democracia malsana, amañada. Tenemos una democracia enferma con políticos no democráticos.

La reforma para la RP trae dedicatoria a favor del partido en el poder (no son hermanas de la caridad), según estadísticas han ganado mayorías en las diputaciones y senadurías. Con alta probabilidad, en los 300 distritos federales donde pierdan serán la segunda o tercera fuerza, lo que garantiza para ellos la mayoría de diputados en la cámara legislativa.

Veamos un ejercicio simulado. Morena gana en 180 distritos de los 300 (estoy siendo conservador en el ejercicio, pueden ser más), esto equivale al 60 por ciento de los distritos, coincidente o muy cercano al 60 por ciento de la votación total, por tanto les corresponden el 60 por ciento de los diputados de RP, una cantidad cercana a 120 (no son los 120 porque en una democracia sana, se reparten de abajo hacia arriba, de los que obtienen 3 por ciento de votos hasta el partido de mayorías), imaginemos que le corresponden 100 curules de RP en las dos formas propuestas. Morena alcanzaría 280 curules, esta es la trampa que beneficia al partido, pero no es antidemocrática.

Bien por la propuesta de la que aquí escribimos hace meses, mal porque la democracia se recarga para un lado.

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