La revocación de mandato

12 abril, 2019 | publicado por:Oscar Tamez

Pretender incluir en la Constitución las herramientas de la cuarta generación como lo es la revocación del mandato, ha provocado ríos de tinta y estériles debates entre amlofóbicos y amlofílicos.

Es momento de asegurar en el 136 constitucional; que las reformas a los artículos de la Constitución no entren en vigor sino hasta el sexenio próximo al aprobado, con ello garantizamos que se proteja el principio de que las reformas no se den en conflicto de intereses, sobre todo aquellas que se vinculan al eje de la gobernabilidad y la política.

La revocación de mandato, como el referéndum, plebiscito, presupuestos participativos y consulta popular, son herramientas de la democracia representativa de cuarta generación en México.

Primero fue el voto libre y secreto garantizado en la Constitución de 1917, luego el voto universal en 1953 cuando la mujer accede a la vida democrática, posteriormente la legitimidad electoral la cual incluye revisiones en la edad para ser elegible, pluripartidismo, la representación proporcional por vía de listas partidistas o candidatos plurinominales y legisladores de primera minoría.

La cuarta generación contempla la incursión de los ciudadanos no partidistas en la vida democrática, empezando por crear burocracias ciudadanas en las instituciones electorales, hasta llegar a las herramientas de participación ciudadana y candidaturas independientes.

Revocar el mandato antes de su conclusión implica el rechazo a la forma de gobernar del titular del poder ejecutivo. 

En México el periodo presidencial desde 1928 es sexenal y Lázaro Cárdenas es el primero en lograr la meta de 6 años en la presidencia.

La reelección no es pertinente ante lo largo del periodo y la revocación se convierte en una forma de reelección intermedia al periodo constitucional.

Los morenos y su “sensei” quieren aplicar la revocación del mandato a partir del presente sexenio, esto implica poner en su hábitat natural al pejesidente. La oposición teme a esta herramienta democrática.

Argumentan en su miedo, que AMLO busca estar en la boleta para atraer votos a sus candidatos a legisladores, alcaldes y gobernadores quienes aparecerán en la boleta electoral 2021. No es del todo inexacto ni infundado el temor, pero es eso, temor, no lógica democrática.

Otra causa al rechazo se sustenta en 2024, alguno de ellos puede ocupar la silla presidencial y quedar sujeto a tan dolorosa solución democrática, esto me resulta más lógico, ante la negativa de la oposición.

Equivocan los amlofóbicos la estrategia, deben demandar el sí a la revocación con una sola condicionante, que sea en una elección única y en el mes de noviembre con lo cual, el nuevo mandato inicia con año electivo, ya sea con el mismo titular o con uno nuevo a partir de enero del año posterior a la elección.

Sí a la revocación, como ciudadanos nos beneficiamos, obligamos a que el presidente o gobernante en turno se preocupe por estar en campaña permanente, que por cierto, es la etapa en que son más carismáticos los políticos, pues el resto del tiempo “siempre anteponen el bien superior al cariño popular”.

No es entendible el miedo de la oposición. En ellos está auditar e impedir haya desviación de recursos públicos a la promoción de gobernantes, pueden comenzar por reglamentar el 134 constitucional, luego, poner lupa a los programas gubernamentales.

No debe haber miedo a la revocación, el López Obrador de principios del año 2019, no es el mismo que gobernará en la primavera de 2021. Las encuestas ya marcan un desgaste y los discursos comienzan a no ser suficientes para mantener contenta a la población.

Sí a la revocación porque gracias a ella, los morenos buscarán ser simpáticos y eficientes. El pejesidente cuidará su popularidad, lo que implica solucionar o lograr la percepción de solución a los problemas del pueblo. 

Por el otro lado, si como muchos creen, la imagen presidencial se desgastará a causa del ejercicio del poder, en un descuido y hasta logren mandar a López Obrador a su rancho en Palenque.

Pierde la oposición el debate, porque desde inicio se asumen derrotados frente al animal político que es su contrincante.

¡Les falta actitud de David frente a Goliat!

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