Lozoya, testigo protegido

15 julio, 2020 | publicado por:Oscar Tamez

Emilio Lozoya Austin pasó de ser uno de los hombres poderosos del gobierno peñanietista a ser el pez gordo que puede aportar elementos para abrir carpeta de investigación a Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto.

Con más de un año de iniciada la novela del «Pemexgate», justo en el umbral del año electoral, cuando más frágil está el gobierno de la 4T, el exfuncionario decide hablar, «soltar la sopa», ser el soplón, traicionar a sus cómplices o cómo cada quien quiera llamarle al acto de supervivencia en donde llega a un acuerdo con la fiscalía para revelar datos de otros peces más gordos que él y con ello conseguir exoneración en su culpa.

Qué bueno y el caso llegue a la mayor transparencia, donde no queden dudas o momentos opacos que hagan pensar acuerdos turbios entre los inculpados y el actual gobierno.

Mucho se ha dicho del acuerdo entre EPN y AMLO desde la campaña para que el mexiquense ayudara a empujar el triunfo del tabasqueño; evidencias hay muchas, ninguna de tipo jurídico, pero todas validadas en la práctica política.

Entre las potenciales pruebas, el acto teatral montado a Ricardo Anaya donde se le persigue de la noche a la mañana por evasión fiscal, lavado de dinero y otras dudas en sus finanzas.

El mismo Anaya abonaba a las sospechas con un ritmo de vida que no correspondía al del presidente del PAN, manteniendo a la familia en EUA con un gasto corriente familiar caro y él viajando a verlos como si lo hiciera en metro.

Real o parte de la ficción política, pareciera que AMLO siempre se encarga de mandar un mensaje de tranquilidad a EPN cuando algún funcionario amenaza con involucrarlo en la corrupción de su sexenio.

Según la información periodística, Lozoya tiene más de 15 horas de grabación en audio de conversaciones privadas en las cuales se puede probar la complicidad de funcionarios superiores jerárquicamente a él, involucrados en operaciones turbias que implicarían corrupción.

Si eso es cierto, los superiores son Videgaray y Peña, lo que implica que verdaderos peces gordos pueden ser imputados, pues se dijo al cansancio que Videgaray era el vicepresidente, el hombre tras el trono quien gobernaba el país.

Ojalá todo se esclarezca y que las declaraciones de Lozoya no sean un mensaje a sus antiguos cómplices, perdón socios, perdón, compañeros de servicio público para que éstos resuelvan su salida de la cárcel, pues si no, «canta».

Todo hace parecer que el inquilino de Palacio Nacional logró mejores acuerdos al norte del río Bravo que lo imaginado.

La prueba de amistad fue Duarte, el de Chihuahua, a quien arrestan en EUA en el marco de la visita diplomática. Días atrás Lozoya pedía su retorno a México para seguir acá su proceso; casualmente ahora surgen las potenciales implicaciones a EPN y Videgaray, el mejor amigo mexicano del yerno de Trump.

La 4T sabe operar y lo prueba, ha tejido fino cada paso para mantener a la oposición de rodillas. No sólo se implica al expresidente y su brother, también, según los dichos de Lozoya, otros actores que hoy pueden ser senadores, diputados federales, candidatos a gobernador y mucho más.

El presidente movió su juego y parece poner en jaque a la oposición tricolor, con ello les arrebata puntos que son vitales en las próximas elecciones, o tal vez, su jugada le permita conciliar acuerdos para que, a partir de enero de 2021, sólo el PAN sea la opción fuerte de oposición y el PRI se vuelva un aliado más de la 4T.

Las grabaciones de Lozoya son más que potenciales pruebas contra un exmandatario, pueden ser clavos en el ataúd electoral del PRI.

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