Sicarios kid

28 enero, 2020 | publicado por:Oscar Tamez

La información sobre niños y adolescentes incrustados en grupos de autodefensas portando rifles despertó en la sociedad gran indignación, las imágenes son adecuadas para el fin buscado por quienes las difundieron, revelan el otro México.

Menores entre 6 y 15 ó 16 años aparecen en fotos que dieron la vuelta al mundo cargando en sus manos rifles viejos, mojosos –dirían en algunos pueblos norestenses–, de bajo calibre muchos de ellos e incluso uno portando un palo. Según la información, los entrenan para ser autodefensas, combatir a los grupos delictivos en la sierra de Guerrero.

La gente de la comunidad asegura armarlos ante los embates de los grupos violentos en la zona quienes están atacando las comunidades para reclutar gente en sus filas u obligarlos a trabajar en condiciones paupérrimas en el cultivo de droga.

El gobierno respondió que los delincuentes reclutan niños porque los programas sociales están alejando a los jóvenes y adultos de esos grupos. ¡Ajá!, el discurso se escucha halagüeño, pero la realidad es otra, los grupos de delincuencia organizada tienen mano de obra barata y casi calificada en las pandillas urbanas, en los cinturones de miseria que rodean a las grandes ciudades.

No requieren reclutar niños, lo que sobra en un país donde el 60 ó 70% de su población está en un grado de pobreza y en el cual la educación ya no es garantía de movilidad social, lo que sobra es mano de obra, voluntarios siguiendo el sueño que se vende en las series de narcos diariamente en el televisor.

Es deplorable ver a niños destinados a reproducir y multiplicar la pobreza en la cual viven. Ver a un menor con un rifle no es extraño para algunos quienes vivimos en la infancia la vida del campesino norestense.

Utilizar rifles de calibre bajo, semiautomáticos, de un tiro o similares, era cotidiano, representaban herramientas de trabajo al ir a la labor. Lo mismo servían para espantar cuervos de la cosecha de maíz o naranja que para cuidarse de las víboras y si bien iba, atinarle a un conejo o liebre, seguro muchos lectores oriundos de los pueblos norestenses se identificarán con estas vivencias.

Lo que enoja es el motivo por el cual esos menores deben ser expuestos como utilería para reclamar al gobierno municipal, estatal y federal en Guerrero, que cumplan con la primera obligación de su mandato: garantizar la seguridad de los pobladores.

Debe preocupar que estén aprendiendo a usar armas de fuego y se les inculque la idea de apuntarlos contra otro ser humano porque seguramente algunos de ellos, en la primera oportunidad saldrán de sus comunidades aisladas y en miseria para buscar fortuna. ¿Dónde cree usted que tienen amplias oportunidades laborales? Exacto, en la delincuencia.

Puede no entenderse que un padre dé un rifle a su hijo, pero ante la desesperación e impotencia de proteger a su familia, resulta entendible que se les ponga un arma al hombro antes de permitir el abuso de otros quienes años atrás estaban igual que ellos, igual de vejados, abandonados, olvidados por gobiernos y sociedad, otros quienes fueron reclutados por las bandas de la zona.

Décadas atrás, las escenas expuestas de menores guerrerenses las hubiéramos visto en Rambo III, en noticiarios sobre el medio oriente, reportajes de Asia o incluso en centro y Sudamérica con sandinistas u otras guerrillas.

Parece volverse normal ver escenas de menores con armas en sus manos, lo mismo en sectores pudientes, dentro de los colegios que en las regiones más marginadas.

De autodefensas a sicarios hay una línea muy delgada por cruzar, a esos niños se les está enfermando su desarrollo socioemocional.

Se atienden estos brotes que parecen generalizados donde son cada vez más los menores quienes tienen un arma en la mano en vez de un libro, o no lamentemos en una década la sociedad construida.

México requiere más acción, más operatividad y menos discursos desmañanados. No se trata de culpar al actual gobierno federal, pues son décadas de abusos y abandono, pero tampoco de eximirlos de su responsabilidad en el tiempo presente.

Actuamos como sociedad o dejamos que sigan formándose nuevos sicarios kid.

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