Alfonso Reyes Ochoa

3 enero, 2020 | publicado por:Óscar Tamez Rodríguez

Regiomontano universal, nace en Monterrey el 17 de mayo de 1889; hijo del general Bernardo Reyes y Aurelia de Ochoa-Garibay. Hombre de letras y diplomacia.

Su destino queda marcado junto a la recia figura de su padre, quien muere durante la decena trágica de 1913. Su pensamiento resurge con el gobierno de AMLO al pretender imponer el pensamiento de Reyes plasmado en su Cartilla Moral.

Muere el 27 de diciembre de 1959 a los 70 años de edad, durante ese tiempo tuvo periodos de visita o estancia en su natal Monterrey. Una de esas visitas a la tierra del machacado y el cabrito fue atendido por el también diplomático Francisco Valdés Treviño, quien en aquellos años iniciaba su fructífera carrera en la política local y la diplomacia.

Don Francisco Valdés cuenta a este opinador la sencillez de espíritu y la bonhomía de Reyes, quien pidió a su anfitrión, llevarlo al cerro del Obispado a disfrutar la vista de la ciudad.

En el sexagésimo aniversario luctuoso de Reyes Ochoa, un grupo de historiadores encabezados por Celso José Garza Acuña, secretario de Extensión y Cultura de la UANL; Ludivina Cantú Ortiz, directora de la Facultad de Filosofía y Letras –donde se ubica la efigie de Reyes–; Héctor Jaime Treviño Villarreal, director del Archivo General del Estado; César Morado Macías y por este opinador, Óscar Tamez Rodríguez, nos dimos cita en el monumento situado en el frontispicio de la Facultad de Filosofía de la UANL.

Pocos conocen la obra de Reyes, quizá los regios recuerden el verso «Hermoso cerro de la Sía, quién estuviera en tu horqueta, una pata pa´ Monterrey y la otra pa´ Cadereyta». Entendiendo que además del sitio, el lenguaje denota amor por el terruño, pues «sía y pa´» responden al uso del lenguaje popular norestense.

La Cartilla Moral de Reyes es quizá un buen trazado de filosofía, de reflexiones, pero no representa a lo que correspondería un gobierno progresista de izquierda.

La discrepancia entre Cartilla Moral y gobierno progresista es de origen; el progreso es contrario a los valores axiológicos, morales y éticos tradicionales. El divorcio parte de que los valores pretenden mantener el statu quo de la sociedad, la inmovilidad cultural; en contraparte, el progresismo rompe con el establishment del tradicionalismo.

Es imposible cohabitar en un pensamiento el progresismo y la moral tradicional, menos aun, la moral de siete décadas atrás.

Por ejemplo, en la página 8 de la Cartilla Moral de Reyes difundida por la 4T, se lee el encabezado «El hombre se educa para el bien». –Las feministas agregarían y la mujer– se educan para reproducir y transformar el modelo social donde se desarrollan, para reflexionar sobre el entorno y modificar lo que a su entender dentro del grupo social deba ser modificado.

El asunto del «bien» es una conducta que queda en la intimidad del individuo y el grupo social en el cual se educa, donde la familia desarrolla el rol de formador de los conceptos de bien y de mal.

Un mismo hecho, en condiciones diferentes y realizado en culturas familiares diferentes puede entenderse en forma diferente –como bueno o como malo–.

Que el gobierno pretenda aleccionar en cuanto a valores morales o éticos, implica el peligro de «evangelizar» a una generación, dictando códigos de valores a la medida.

Alfonso Reyes escribió para su tiempo, fue un gran diplomático y escritor, un regiomontano de luces quien da lustre a esta bella tierra norestense.

Como expresaría Treviño Villarreal durante la guardia en el monumento a Reyes Ochoa, nuestro regiomontano fue motivo de un día de luto nacional por el entonces presidente López Mateos.

Como expresaría Ludivina Cantú, sus aportes a la Universidad de Nuevo León y a la formación del humanismo se ven reflejados en la visión educativa vigente.

Cobra relevancia su figura a 60 años de su partida física gracias a que el gobierno de la 4T reactiva su Cartilla Moral, un texto por encargo del cual mucho se puede abundar visto a través del tiempo.

Reyes es nuestro regiomontano, su persona enalteció a su natal Sultana del Norte. Vale la pena pensar en un homenaje mayor a quien, escribiera: «llevo el Cerro de la Silla en cifra y en abstracción: medida de mis escalas escala en mi inspiración».

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