Bipolaridad política

14 septiembre, 2020 | publicado por:Oscar Tamez

La aplicación del concepto de bipolaridad lo aplicaré a la política y los políticos como una forma de describir los cambios abruptos de personalidad pública, en la toma de decisiones y los estados de ánimo de un político al interactuar públicamente con otros políticos o representantes de gobiernos.

La bipolaridad es definida como un «trastorno mental que puede ser crónico o episódico. Puede ocasionar cambios inusuales, a menudo extremos y fluctuantes en el estado de ánimo, el nivel de energía y de actividad, y la concentración», según refiere el instituto nacional de salud mental de EUA en su portal web.

«Todas las personas tienen altibajos normales, pero el trastorno bipolar es diferente. La variedad de cambios en el estado de ánimo puede ir de un extremo a otro», agrega el sitio consultado.

Sirva la sucinta definición para entender que un bipolar político es aquel servidor público o político quien tiene cambios bruscos, frecuentes, intensos y hasta violentos en su personalidad pública y en las decisiones que toma.

Podemos encontrar en los populistas a bipolares políticos, quienes sin el menor recato se desmienten a sí mismos y son capaces de culpar a otros por sus errores o malas decisiones.

No significa que alguien no pueda cambiar de opinión o enmendar sus decisiones, pero es diferente desmentirse y responsabilizar a otros de sus culpas.

La bipolaridad política es una forma de enfermedad o trastorno de la personalidad pública y que afecta la ética pública de los políticos, claro, siempre cabe la posibilidad de que no sea una enfermedad sino un exceso de ironía, cinismo e importancia… importa poco, de quien en el ejercicio de la vida pública se conduce como bipolar político.

El presidente López, en el marco de su segundo informe «oficial y constitucional» de gobierno, emprendió una gira por los estados del norte, concretamente en el noreste mexicano; ahí dio muestras del cambio en su personalidad y discursos de tal manera que no sólo se desdijo, sino que afirmó lo contrario a lo expresado semanas atrás.

Son muchos los casos donde se puede apreciar la bipolaridad política. Por citar algunos, el tema en el uso del cubrebocas y del salir a las calles donde luego afirma lo contrario sin mediar explicación.

En el marco del segundo informe constitucional, se pueden analizar muchos cambios abruptos en la conducta pública del gobernante. Por citar, está el caso de sus declaraciones frente a Jaime Rodríguez en Nuevo León.

El último jueves de agosto, el presidente asegura que los disensos en la democracia son la base de la democracia misma, cuando se da la unicidad de pensamiento se corre el peligro de caer en una dictadura y por consiguiente él como mandatario se pronuncia como demócrata quien construye consensos a partir de los disensos.

¿Un momento de bipolaridad política? Apenas semanas atrás el mandatario aseguró que «quien no estaba con la 4T estaba contra ella» y por consiguiente son enemigos de México y sus transformaciones.

Reiteradamente ataca a quienes parcial o totalmente piensan diferente a él en uno o todos los aspectos de su visión del Estado mexicano. El discurso del jueves es extremo en 180 grados con lo expresado permanentemente en su vida pública.

La conducta del mandatario con respecto a la relación con el mandatario estadounidense es otro ejemplo de bipolaridad política, son dos personas distintas las que opinan.

Estamos frente a una nueva forma de personalidad pública, la bipolaridad política o simplemente una sobredosis de cinismo y manipulación de masas.

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