Semillero de historiadores

3 noviembre, 2020 | publicado por:Oscar Tamez

El Archivo General del Estado ubicado en Juan Ignacio Ramón entre Zaragoza y Zuazua, en sus casi 36 años de vida fue semillero de historiadores, el 26 de octubre de 2020, cierra para siempre sus puertas, se muda a Fundidora y a un sitio provisional en la colonia Linda Vista.

Construido en la emblemática Macroplaza edificada por Alfonso Martínez Domínguez, fue testigo del surgimiento de historiadores, cronistas e investigadores, quienes en sus archivos reescribieron la historia local y regional.

Según consultamos en archivos de hemeroteca, siempre padeció humedad, hasta inundaciones. Una de las más graves acontecida en septiembre de 1986, con los aguaceros de temporada cuando tuvo filtraciones en una pared al norte, en el sótano del inmueble.

Según fuentes consultadas, la inundación alcanzó hasta 40 centímetros de altura y se debió reubicar en el mismo inmueble el archivo histórico, realizando una cadena humana entre servidores públicos y voluntarios, la cual incluía al maestro Martín Salais, cronista de Abasolo, quien tuvo una cortada en la frente derivada del golpe de una de las tantas cajas removidas.

Un espacio físico de dos pisos, el primero de ellos al entrar por la calle Juan Ignacio Ramón y el segundo en un sótano al cual se desciende por una escalera central que termina en un lobby, al cual se le dio el nombre de Eugenio del Hoyo y donde se realizaron por más de tres años las reuniones de «Cafeseando con la Historia», donde cada jueves había al menos un ponente quien brindaba sus saberes sobre la historia.

Hoy es parte de la memoria histórica que un día almacenó en sus muros la historia de Nuevo León, desde sus orígenes, millones de documentos, algunos digitalizados y otros en espera de ser salvados para la historia futura.

El inmueble fue el primero construido en la República Mexicana con la finalidad archivística. El historiador Jesús Ávila Ávila relata que es el primero en el país edificado para los fines a los cuales se destinó; «hay otros como Lecumberri, el famoso palacio negro, que fuera prisión y se adaptó para ser archivo, otros son escuelas y demás tipos de inmuebles, pero éste que hoy culmina su tarea fue el primero en construirse para resguardo de los archivos», asegura.

El archivo tuvo sede de lujo en su momento, como relata el historiador, fue parte del atractivo arquitectónico de la gran plaza, junto a edificios como el Congreso local o la biblioteca Fray Servando y el teatro de la ciudad.

Recuerdan el Director del Archivo, Héctor Jaime Treviño Villarreal y el propio Jesús Ávila cómo, desde el primer año de inaugurado el edificio, se realizaron las Semanas de la Historia previas a las vacaciones decembrinas. Una semana de eventos, conferencias y presentaciones de libros.

En un ejercicio de historia oral, relatan cómo, en ese tiempo el equipo encabezado por Leticia Martínez Cárdenas, Héctor Jaime Treviño, el mismo Ávila, César Morado, Rosario Pérez y Ángeles Grajales, entre muchos más nombres que vinieron a la memoria, trabajaban en la difusión de la historia regional; así algunos de ellos y otros tantos historiadores con prestigio actual, tuvieron sus primeras incursiones en la publicación de libros con contenidos de historia local o regional.

La nostalgia invadió la charla con los garantes del acervo en el archivo histórico de Nuevo León; imposible no hacerlo.

Donde fuera su segundo hogar, ya no lo será más, el edificio ahora resguarda anécdotas, secretos, vivencias, alegrías y añoranzas de quienes lo habitaron por décadas, el edificio tiene su propia historia.

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